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¿Es Alberdi el Hamilton argentino? Una pregunta que la obra no puede responder sola

  • 28 mar
  • 4 Min. de lectura

El musical Alberdi se presenta como el Hamilton argentino. Analizamos si esa comparación tiene sentido, qué tienen en común los dos próceres y dónde se rompe el paralelismo.



"Alberdi es el Hamilton argentino." La frase circuló durante meses en redes sociales, en notas de prensa y en la propia comunicación del musical. Pero ¿qué tan cierta es esa afirmación? ¿Qué tienen en común estos dos personajes históricos, y qué los separa? ¿Y qué significa, realmente, hacer una versión argentina de algo que es tan específicamente estadounidense?


Los puntos de contacto reales

La comparación no es completamente arbitraria. Hay coincidencias históricas genuinas entre Alexander Hamilton y Juan Bautista Alberdi que justifican ponerlos en diálogo.

Los dos fueron figuras intelectuales centrales en la construcción constitucional de sus países. Hamilton fue uno de los autores de The Federalist Papers, una serie de ensayos que defendían y explicaban la Constitución de Estados Unidos, y que siguen siendo textos de referencia en el derecho constitucional. Alberdi escribió las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852), un texto que sirvió de base directa para la redacción de la Constitución Nacional de 1853. Incluso hay una conexión entre los dos libros: Alberdi leyó los Federalist Papers, entre muchas otras referencias, como parte de su formación intelectual.

Los dos fueron próceres de relativa invisibilidad popular comparados con figuras más "épicas" de su época. Hamilton no tiene feriado en Estados Unidos. Alberdi no es tan recordado como San Martín o Belgrano. Esa subestimación cultural es parte de lo que los hace atractivos como protagonistas de relatos que los rescatan.


Las diferencias que importan

Sin embargo, las diferencias entre los dos son tan significativas como las semejanzas, y el musical las aplana en lugar de explorarlas.

Hamilton fue una figura de acción directa: militar en la guerra de independencia, secretario de Washington, fundador del sistema financiero estadounidense, polemista feroz y participante central de la política activa de su país. Su vida fue dramáticamente intensa, llena de conflictos públicos, alianzas y traiciones, y terminó en un duelo que hoy sigue siendo uno de los más famosos de la historia.

Alberdi fue principalmente un intelectual y un diplomático. Pasó largas temporadas en el exterior, primero exiliado por Rosas, luego como representante diplomático en Europa. Su influencia fue más conceptual que política directa: escribió, pensó, argumentó. Los historiadores señalan que no era una figura carismática en el sentido clásico: era serio, algo reservado, y su liderazgo surgía de su capacidad intelectual antes que de su presencia pública o su oratoria.

Esa diferencia de temperamento y de trayectoria hace que Alberdi sea un personaje más difícil de dramatizar con el formato de Hamilton. La urgencia de Hamilton —esa sensación de que si no actúa ahora el momento se pierde— no describe de la misma manera a Alberdi. Forzar ese molde sobre una figura distinta produce fricción.


El problema político que la obra no quiso ver

Hay una conversación que el musical eligió no tener: la de la apropiación política de Alberdi en el presente.

Hoy, Alberdi es una figura activamente reivindicada por el liberalismo económico argentino. Sus ideas sobre el rol del Estado, la inmigración y el desarrollo económico son citadas con frecuencia por referentes de La Libertad Avanza y por personas que se identifican con ese espacio político. No es una curiosidad menor: es el contexto en el que el musical se estrena.

Ante la pregunta directa sobre esto en la rueda de prensa de estreno, los responsables del proyecto respondieron que la obra no es política, que no habla del presente sino del pasado, que no hay buenos ni malos, solo hechos históricos. Y agregaron que no hay mucha política en el teatro argentino.

Esas afirmaciones merecen ser revisadas. La política no se reduce a los partidos políticos: cualquier decisión sobre qué contar, cómo contarlo y qué omitir es una decisión política. Elegir a Alberdi como protagonista en este momento histórico es una decisión política. Presentarlo como "un idealista sin ambiciones políticas" también lo es —más aún cuando esa descripción no es del todo precisa: Alberdi desempeñó cargos diplomáticos y fue candidato a diputado en 1879. Presentar a Rosas como villano de diseño Disney es una decisión política.

Nada de esto implica que la obra deba tener una posición explícita ni que deba hacer propaganda. Implica que no puede pretender no tener ninguna.


¿Qué haría falta para que la comparación funcione?

La pregunta más productiva no es si Alberdi se parece a Hamilton, sino qué tendría que tener una obra para merecer esa comparación.

Hamilton no triunfó porque eligió a un prócer poco conocido ni porque usó rap. Triunfó porque siete años de investigación rigurosa le permitieron construir personajes complejos, contradictorios y humanos. Porque cada decisión musical, coreográfica y escénica servía a la narrativa. Porque usaba la historia del pasado para hablar de algo verdadero sobre el presente: identidad, inmigración, el derecho a ser recordado.

Una versión argentina de eso no es imposible. Pero requiere el mismo proceso: investigación profunda, construcción dramática cuidadosa, y la voluntad de encontrar en la historia argentina algo que le hable hoy a alguien que no sabe nada de próceres.

Alberdi tiene el entusiasmo. Le falta el tiempo.


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