Ciencia y tecnología en Argentina: qué se destruye cuando se recorta la inversión en conocimiento
- 26 mar
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El recorte en ciencia y tecnología en Argentina bajo el gobierno de Milei afecta a miles de investigadores y destruye décadas de inversión. ¿Qué está en juego realmente?

Hacer ciencia en Argentina, en este momento, se está convirtiendo en un acto de resistencia. No es una metáfora: es la descripción literal de lo que viven miles de investigadores, becarios y docentes universitarios que ven, día a día, cómo se desfinancia el sistema científico-tecnológico que el país tardó décadas en construir.
¿Qué representa el sistema científico argentino?
Argentina cuenta con una infraestructura científica y tecnológica que históricamente fue una de las más sólidas de América Latina. Instituciones como el CONICET, la Agencia I+D+i, las universidades nacionales públicas y gratuitas, y centros de investigación en todo el país representan décadas de inversión sostenida, formación de recursos humanos altamente calificados y producción de conocimiento aplicado en áreas estratégicas: salud, tecnología, alimentación, energía, medio ambiente.
Ese sistema no se construyó de la noche a la mañana. Cada investigador formado representa años de estudio, trabajo y recursos del Estado. Cada línea de investigación abierta es el resultado de años de desarrollo acumulado. Cuando se desfinancia ese sistema, no se ahorra: se destruye capital humano e institucional que es muy difícil —y muy costoso— de reconstruir.
¿Qué está pasando con la Agencia I+D+i?
La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación —conocida como Agencia I+D+i— es uno de los principales organismos de financiamiento de la ciencia en Argentina. Otorga becas doctorales y posdoctorales, financia proyectos de investigación y promueve la vinculación entre el sector científico y el productivo.
Desde el cambio de gobierno en diciembre de 2023, la Agencia enfrenta una situación crítica: fondos que no se transfieren, convocatorias suspendidas, incertidumbre sobre la continuidad de becas en curso y una pérdida acelerada del poder adquisitivo de quienes dependen de esos ingresos para vivir.
Para quienes tienen una beca doctoral activa, la situación es particularmente difícil. Lo que antes alcanzaba para pagar un alquiler, cubrir gastos básicos y sostener una vida con cierta estabilidad, hoy no llega ni a la segunda semana del mes. Muchos becarios se ven obligados a sumar trabajos paralelos —clases particulares, freelance, empleos en otros sectores— para poder subsistir, lo que inevitablemente afecta el tiempo y la energía que pueden dedicar a la investigación.
La fuga de cerebros: un costo invisible pero real
Cuando el sistema científico se desfinancia, el daño más grave no siempre es el más visible. Más allá del deterioro de las instituciones y la interrupción de proyectos en curso, hay un fenómeno que crece silenciosamente: la emigración de investigadores y científicos formados.
Argentina históricamente sufrió ciclos de "fuga de cerebros", especialmente en períodos de crisis o de políticas hostiles hacia la ciencia. Cada investigador que emigra representa una inversión perdida del Estado argentino —años de becas, formación, subsidios— que termina beneficiando a otros países. Y a diferencia de la infraestructura física, el capital humano es especialmente difícil de recuperar: una vez que las personas se van y construyen sus vidas en otro lugar, el retorno no está garantizado.
El argumento del "ajuste necesario" y sus límites
El gobierno justifica los recortes en ciencia y tecnología dentro de un programa más amplio de reducción del gasto público. El argumento es que el Estado gastaba por encima de sus posibilidades y que el ajuste es inevitable.
Pero hay una diferencia importante entre recortar gastos de funcionamiento y destruir capacidades estratégicas que tomaron décadas construir. La inversión en ciencia y tecnología no es un gasto suntuario: es una apuesta al futuro, a la soberanía tecnológica, a la capacidad del país de producir conocimiento propio y no depender eternamente de tecnología importada.
Los países que lograron salir de la trampa del subdesarrollo —Corea del Sur, Israel, Irlanda, entre otros— no lo hicieron recortando la inversión en educación e investigación. Lo hicieron, precisamente, apostando fuerte a esas áreas como motores del crecimiento.
La ciencia como proyecto de país
El desfinanciamiento del sistema científico no es solo un problema sectorial que afecta a investigadores y becarios. Es una decisión que define qué tipo de país se quiere construir.
Un país que invierte en ciencia es un país que apuesta a resolver sus propios problemas, a generar tecnología propia, a tener soberanía en áreas estratégicas. Un país que desinvierte en ciencia es un país que acepta depender de afuera, que resigna capacidades y que condena a sus profesionales más formados a emigrar o a precarizarse.
Para quienes trabajan hoy en el sistema científico argentino, sostener esa apuesta —en condiciones cada vez más difíciles— es un acto genuinamente político. Seguir investigando cuando los fondos no llegan, cuando el sueldo no alcanza, cuando las instituciones se desmoronan, es una forma de resistir una visión de país con la que muchos no acuerdan.
Si querés informarte sobre la situación específica de las becas de la Agencia I+D+i y seguir las novedades del sector, podés seguir la cuenta de Instagram @BecarixsAgencia, donde becarios organizados comparten información actualizada y dan visibilidad a lo que está ocurriendo.
¿Qué se puede hacer desde afuera del sistema científico?
El apoyo a la ciencia pública no es solo una tarea de quienes trabajan dentro del sistema. Informarse, difundir y exigir políticas que sostengan la inversión en conocimiento es una responsabilidad colectiva.
La historia de Argentina muestra que los avances en educación, ciencia y movilidad social no fueron regalos del poder: fueron conquistas de una sociedad que se organizó y reclamó. Lo que se construyó con décadas de esfuerzo puede deshacerse en muy poco tiempo. Y recuperarlo, si se lo pierde, será mucho más difícil.




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