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Como si pasara un tren: la obra que te agarra desprevenido y no te suelta

  • 27 mar
  • 4 Min. de lectura

Como si pasara un tren, de Lorena Romanin, es una comedia dramática argentina sobre una madre, su hijo y la prima que lo cambia todo. Por qué emociona tanto y sigue en cartel años después. La pueden ver, además, en Teatrix.



Hay obras que uno entra sin saber bien qué esperar y sale sin poder hablar del todo. Como si pasara un tren, de Lorena Romanin, es exactamente eso: una obra que empieza despacio, casi como si no pasara nada, y de pronto ya es demasiado tarde para defenderse emocionalmente. Ya estás adentro.


De qué trata

Susana es una madre sobreprotectora que vive sola con su hijo Juan Ignacio, un joven con retraso madurativo. El cuidado que ella le da es excesivo y autoritario: el miedo de la mujer aplasta cualquier posibilidad o deseo del chico. Los dos encontraron una forma de convivir, frágil pero estable, en una ciudad de campo donde el tiempo parece detenido.

Eso hasta que llega Valeria. Valeria es sobrina de Susana y llega a la casa para distanciarse de su entorno por supuestos problemas de drogas. Funcionará como espejo del vínculo: cuestionando y ayudando a Juan a conectarse con lo que quiere, le dará fuerzas para enfrentar a su madre.

Tres personajes. Una casa en el campo. Y algo que empieza a moverse despacio, casi sin que nadie lo note, hasta que ya no hay forma de frenarlo.


Por qué funciona tan bien

El texto es desde el vamos algo que parece un trencito de juguete y termina siendo una locomotora de teatro. Nada sobra, y lo que podría haber terminado siendo apenas otra obra sobre una familia disfuncional o sobre el choque entre alguien de la Gran Ciudad y una familia de pueblo se convierte en una pieza diferente y sinceramente emotiva y graciosa.

Esa es exactamente la trampa —en el mejor sentido— que Romanin tiende. La obra no anuncia sus emociones. No avisa cuándo va a doler ni cuándo va a hacer reír. Llega como llega un tren: a veces lo escuchás de lejos, a veces ya pasó antes de que puedas reaccionar.

Como si pasara un tren es, como muchas cosas en la vida, por momentos para llorar y por momentos para reír. Y, de nuevo, como muchas cosas en la vida, es simplemente bella.


Una obra sobre cosas muy humanas

Lo que hace especial a esta obra no es su tema sino cómo lo trata. La sobreprotección materna, el miedo a soltar, el deseo de ser libre, la brecha entre la vida de capital y la de provincia, la forma en que los jóvenes se entienden entre sí aunque vengan de mundos completamente distintos: todo eso está en la obra, pero nunca como tema, sino como experiencia.

A través del humor y la ternura de tres personajes entrañables, la autora teje una trama de transformaciones que revelan nuestro propio deseo de libertad y autonomía. De un baile entre primos a un paseo en tren, hasta la acción más imperceptible puede generar un cambio completo de rumbo.

El personaje de Juan Ignacio merece una mención especial. No hay golpes bajos que obliguen a conmoverse o a simpatizar: todas las muchas emociones que invoca Juan Ignacio se las gana limpiamente con la interpretación del personaje. Eso es muy difícil de lograr y cuando funciona, como acá, es de las cosas más hermosas que puede ofrecer el teatro.


El origen: una imagen y una historia personal

La dramaturga contó que la obra nació de una imagen: una madre con su hijo tirado en el piso jugando con un tren. "Yo escribo de un modo muy intuitivo —dijo Romanin—. Aparece una imagen y cuando puedo tirar de ahí y hay tela para cortar sigo escribiendo. Nunca quise escribir sobre un tema en particular. Me gusta que aparezcan las imágenes y las historias un poco como en los sueños."

Pero detrás de esa imagen había algo más personal. Romanin toma un hecho de su biografía como disparador: "Cuando tenía dieciséis años, mi madre le pidió a mi psicóloga que me medicara. Afortunadamente, ella contra ofertó hacerme un electroencefalograma descartando así la idea de la medicación. Siempre pensé qué hubiera pasado si empezaban a darme algo, sin duda mi vida hubiera cambiado."

Esa pregunta —¿qué hubiera pasado?— late en el fondo de toda la obra. Y es lo que le da esa sensación de verdad que no se puede fingir.


Una obra que viajó por el mundo

Como si pasara un tren se estrenó en 2015 en el Camarín de las Musas y estuvo cuatro temporadas en cartel, pasando luego al Teatro Picadero. Un producto del teatro alternativo que llegó a realizar cuatro funciones semanales.

Desde entonces no paró. La obra se estrenó en España, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. En Madrid se presentó en el Teatro Español con gran recepción. En Chile fue adaptada y dirigida por Bárbara Ruiz Tagle con elenco local. Incluso tenía previsto su estreno en Nueva York, que se suspendió por la pandemia.

La obra acumuló reconocimientos importantes: Premio Actor Revelación y Mejor Actor para Guido Botto Fiora (Premios María Guerrero y Teatro del Mundo), Mejor Actriz para Silvia Villazur, y Mención Mejor Dramaturgia y Dirección para Lorena Romanin en los Premios Teatro del Mundo.


Quién es Lorena Romanin

Lorena Romanin es dramaturga y directora, una de las voces más reconocidas del teatro independiente argentino contemporáneo. Ella misma define la obra como "una obra que parece muy naturalista pero cuenta una realidad hermoseada que genera un optimismo que la gente necesita mucho".

Esa frase dice mucho de su manera de escribir: no es realismo crudo ni optimismo fácil, sino algo más sutil. Una mirada que encuentra belleza sin mentir sobre el dolor.


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