De Friends a Adults: treinta años de sitcoms nos avisaron que algo se estaba rompiendo
Hay un género de comedia que lleva más de treinta años contándonos, sin querer, cómo les está yendo económicamente a los jóvenes. Se lo conoce informalmente como hangout sitcom: un grupo de amigos que se junta siempre en el mismo lugar (un depto, un loft, un bar) y que, semana a semana, construye una vida en la gran ciudad. Ese lugar fijo termina siendo casi un personaje más de la serie. Y ahí está el problema: para que funcione en cámara, casi siempre es más grande y más lindo de lo que esos personajes podrían pagar con los sueldos que la trama les asigna.
En este episodio agarré cuatro ejemplos de ese género (Friends, How I Met Your Mother, New Girl y la más nueva de todas, Adults) para ver cómo esa brecha entre "lo que ganan" y "dónde viven" se fue ensanchando durante treinta años, hasta el punto en que la ficción ya no puede seguir maquillándola.
Friends no era una fantasía imposible (al menos no en 1994)

Es un lugar común decir que el departamento de Mónica y Rachel en el West Village es "imposible". Y no es tan así. Hoy, sí: ese mismo espacio rondaría entre 6.000 y 10.000 dólares mensuales de alquiler. Pero la serie explica que el departamento era de la abuela de Mónica, con renta congelada desde hacía décadas. Y esa no era una excusa de guion inventada de la nada: en el Nueva York de los noventa, la renta congelada y la renta estabilizada eran políticas reales y bastante extendidas. Un depto heredado con ese tipo de contrato era, en 1994, totalmente plausible.
Lo interesante es que esta fórmula de "amigos veinteañeros en la ciudad" no la inventó Friends. Un año antes se había estrenado Living Single, una sitcom de elenco negro con una estructura casi idéntica, pero con un detalle que Friends decidió no copiar: en Living Single los personajes necesitaban trabajos importantes para sostener esa vida urbana. En Friends, siendo todos blancos y con familias acomodadas de fondo, alcanzaba con trabajos bastante dudosos. La estética de la precariedad de los noventa, sin la precariedad real.
HIMYM: la plata como chiste, pero nunca como condena

Una década después, How I Met Your Mother usa el mismo molde pero se anima a algo nuevo: mostrar los problemas de plata como parte de la trama. Marshall pasa temporadas sin ingresos propios ("gano doscientos dólares negativos por semana"). Lily cae en una deuda de tarjeta que le esconde a su pareja y termina en un monoambiente minúsculo.
Pero ese fracaso siempre es temporal y siempre se resuelve para arriba: Marshall se recibe, Lily paga la deuda, la pareja hasta hereda una casa de campo que después vende porque "extraña la ciudad", no porque la necesite. Todavía hay ascensor social en la ficción.
Y después están Barney y Robin, que ni siquiera pasan por ese bache. A Barney el guion le arma una explicación concreta (ejecutivo de un banco corrupto, sueldo millonario y turbio). A Robin, en cambio, nunca se lo termina de explicar del todo (lo único que queda flotando es su pasado como popstar canadiense adolescente) y es de esas cosas que uno prefiere no pensar demasiado para poder disfrutar del programa.
New Girl: cuando ya no alcanza con vivir "cerca"

Para 2011, algo cambió en la fórmula. En New Girl el grupo ya no vive cerca, en deptos separados de la misma cuadra: vive directamente junto, todos bajo el mismo techo, en un loft industrial enorme en Los Ángeles. Para sostener la fantasía visual del espacio grande, la ficción tuvo que meter a todos juntos. Convivir dejó de ser una etapa de transición y pasó a ser la condición permanente del grupo, aunque casi todos tuvieran trabajos estables. El lujo real (vivir bien y vivir solo al mismo tiempo) ya no era compatible ni en la ficción.
Adults: la casa de los padres, sin pedir disculpas

Y así llegamos a Adults, la serie de FX estrenada en 2025, que sigue a cinco amigos de veintipico en Queens. La diferencia con sus antecesoras es central: acá no hay departamento lindo que justificar. Directamente no alquilan nada. Viven gratis en la casa de la infancia de uno de ellos, mientras sus padres están de viaje. Lo que en Friends era una excepción que necesitaba una abuela y una renta congelada para sonar creíble, en Adults es la premisa misma, y no hace falta explicarla.
Esto no es solo una sitcom: es un fenómeno de época
Lo que retrata Adults no es un capricho narrativo. Según la OCDE, el porcentaje de jóvenes de entre 20 y 29 años que vive con sus padres en los países miembro pasó del 45% en 2006 al 50% en 2022. En Corea del Sur ese número llega al 81%; en Italia, al 80%; en España, al 77%. En Estados Unidos, en 2025 hubo un récord de 25,2 millones de menores de 35 años viviendo con sus padres (uno de cada tres jóvenes) y siete de cada diez de ellos tienen trabajo. El problema no es la falta de empleo: es que el costo de vivienda se desconectó por completo de lo que gana un joven.
Y en Argentina, peor
En Argentina, este fenómeno mundial se combina con decisiones puntuales de política pública y termina siendo más agudo. El pluriempleo llegó a un récord histórico (12,2% de los ocupados, 1,6 millones de personas). La desocupación joven duplica el promedio general. Y el dato que más se parece a la premisa de Adults: el 44% de los jóvenes argentinos todavía vive con sus padres, contra apenas un 26% que vive solo, porque el costo de alquilar supera en un 47% al salario promedio de un joven.
Varios informes marcan un quiebre concreto: la derogación de la Ley de Alquileres del gobierno de Milei, que liberó precios en un contexto donde el salario real ya venía cayendo. Vale aclarar que esta dinámica (desregular el mercado de alquileres y ver después un salto en la crisis habitacional joven) se repitió en otros países con gobiernos también de derecha o libertarios. Lo específico de Argentina es que esa decisión se suma a una inflación y una caída salarial que ya golpeaban desde antes.
Cuando la sitcom se anima a doler
Para cerrar, me interesa pensar hacia dónde va el género con todo este contexto de fondo. Lo que arrancó siendo puro escapismo hoy se usa, cada vez más, para contar lo que de otra forma sería demasiado duro. Kevin Can F**k Himself (2021) lo lleva al extremo: alterna entre el formato clásico de sitcom con risas grabadas cuando el marido está en pantalla, y un drama crudo de una sola cámara cuando aparece su esposa, mostrando que esa alegría siempre fue una máscara. Y series más nuevas como Not Suitable for Work siguen esa misma línea de retratar, con otro tono, las desgracias de ser adulto joven hoy.
La sitcom de amigos en la gran ciudad, ese género que arrancó como pura fantasía aspiracional, se convirtió en un termómetro bastante preciso de cómo le va económicamente a cada generación. Y ahora que ya no puede seguir mintiendo del todo, algunas series decidieron usar ese mismo formato liviano para contar, por fin, la verdad.
Podés escuchar el episodio completo acá.



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